Una profunda emoción me llena el cuerpo al recorrer esta serie de retratos del joven fotógrafo Gabriel Barceló. La sensación es instantánea, como el clic del obturador de la cámara. Sin embargo en cada una de las miradas que ha buscado transmitirnos, hay un largo camino. Por un lado el camino de la persona retratada, el camino de las piedras secas del Altiplano, el camino ancestral del Inca y de las culturas que ya estuvieron antes de él, el camino de una fortaleza interior que ha resistido siglos de desprecio y asimilacionismo, el camino duro de la supervivencia cotidiana. Por otro lado, hay el camino del fotógrafo, él del descubrimiento del otro. Es un camino que da vueltas y vueltas, durante años de convivencia, hasta encontrar una mirada que no necesita palabras ni en quechua, ni en aymara, ni en castellano. Esta mirada es el lugar donde los dos caminos convergen, y que todos podemos entender sin palabras, porque todos llevamos estas miradas dentro de nosotros, como seres humanos.

Gracias

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