El experimento de Perm / ARCO 2011
PILAR BONET // El País 12/02/2011

Una ciudad de menos de un millón de habitantes en los Urales se ha convertido en un modelo de desarrollo cultural gracias a la política emprendida por el director del museo local. El arte invade las calles y se ha reducido la emigración. La gente ya no se quiere ir

La ciudad de Perm, un centro de la industria militar situado en los Urales, en el corazón de Rusia, es el ejemplo por excelencia de una ciudad de provincias que lucha por reinventarse a sí misma como centro cultural y artístico con ambiciones internacionales. El eje de este experimento es el museo de arte moderno de la ciudad (PERMM), basado en la idea de un senador provincial que el galerista Marat Guelman se ha encargado de poner en práctica.

El museo, cuya primera exposición estuvo dedicada al Arte Pobre ruso, se alberga en una vieja estación fluvial venida a menos, situada en la ribera del río Kama. El edificio, pendiente aún de una reconstrucción a fondo, surge estos días invernales como un cuerpo cálido entre la nieve que se ha ido acumulando en la ciudad. En el programa de febrero figura una exposición internacional sobre el abstraccionismo moderno y una retrospectiva de Sinie Nosi (Narices Azules) que recoge casi todas las películas del grupo en el periodo 1999-2009. En la amplia estación fluvial se alberga no solo el PERMM, sino también un centro de diseño dirigido por el moscovita Artemy Lébedev.

La evolución de Bilbao como centro de atracción turística está sin duda en la mente de los responsables de Perm, que no consiguió ser sede de un museo Guggenheim, como pretendía, pero sí se ha proclamado capital cultural de Rusia. “PERMM es el Estado Mayor del programa de transformación y modernización de la ciudad”, dice Guelman. El museo ha puesto en marcha un programa de arte público, en el marco del cual Perm se ha llenado de polémicas esculturas y murales. Los grafitis cubren los muros de los solares en construcción y se extienden, aparentemente ya de forma espontánea, por otros edificios, como si los ciudadanos le hubieran cogido el gusto a pintar las paredes. Perm es sede de una quincena de festivales, tiene una colección de esculturas de madera única en su género y, ahora, también un logotipo, la letra “P” de Perm (en su grafía griega) en color rojo, que se emplea en la promoción local. Paradas de autobuses de diseño y un tipo de letra unificado para todos los textos y letreros públicos son parte del proyecto. “En Perm la cultura se ha convertido en un sector de desarrollo que impulsa la ciudad”, afirma Guelman, según el cual los proyectos culturales están frenando la emigración, porque la gente le toma el gusto a vivir en la ciudad y ya no se quiere ir. Sin embargo, Perm, donde el paro apenas supera el 2%, todavía no ha logrado llegar al millón de habitantes.

Para dedicarse al museo, Guelman ha vendido su participación en la galería que lleva su nombre en Moscú (ahora a cargo de su esposa), aunque sigue supervisándola. Asegura Guelman que las ciudades de Rusia se ponen en cola para pedirles que haga con ellas lo que ha hecho con Perm, a saber, dotarlas de unas señas de identidad para competir con otras urbes. Con este fin, Guelman ha creado una organización especial, denominada Alianza Cultural, y ya ha visitado la ciudad de Tver, donde en tres días ha decidido que va a crear un entorno cultural basado en una vieja fábrica de papel. Tver concentra el 30% de la industria poligráfica de Rusia, así que puede convertirse en un centro de edición de todo el país. También en Tver ha elegido una estación fluvial para llevar a cabo su proyecto. Guelman es miembro de la Cámara Social, una entidad consultiva que ayuda a formular la política cultural rusa.

La idea de una red que dé un perfil propio a las ciudades rusas es el “antiMcDonald’s, porque cada ciudad va a ser diferente”. “En cambio el Guggenheim produce McDonald’s culturales”, afirma. “Lo primero es descentralización”, afirma. “El territorio es un trozo de masa que se puede moldear a gusto, y el país es un organismo, donde cada órgano tiene un papel. Yo ayudo a las ciudades a tener su propio rostro. En la colección de arte que comienza a formar el museo de Perm destaca el Arte Pobre, creado por artistas que se oponen al mundo del glamour. A diferencia de sus colegas de otros países, libres de elegir los materiales, los creadores del Arte Pobre ruso actuaban por necesidad”, subraya Guelman.

Por PERMM han pasado las instalaciones de Alexandr Brodski, las construcciones y los esquemas de Valeri Koshliakov y también el arte ucranio contemporáneo, que Guelman conoce tan bien por haber sido el iniciador de la colección del oligarca Víktor Pinchuk en Kiev.

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